jueves, 18 de diciembre de 2014

Capítulo 12.

Esas palabras seguían torturándome por dentro, "Alex se ha ido". ¿Acaso el mundo se había puesto en mi contra? Lo más jodido de todo, es que ni siquiera tenía el valor suficiente para responder al mensaje, sólo me quedaban fuerzas para hundirme en mi cama y quedarme llorando hasta desaparecer. Sí, eso era lo que quería, irme, lejos de todo, mi vida es una constante lucha que siempre me lleva al vacío. ¿Para qué trato de no rendirme, si al final voy a acabar de nuevo en el fondo? Sola. Y joder, justo ahora me he dado cuenta de que le necesito, quizás no quería admitirlo para no salir herida, pero resulta que he terminado más rota de lo que pensaba. Es verdad eso que dicen de que hasta que no pierdes a una persona, no te das cuenta de que siempre ha estado a tu lado, en tus buenos momentos, pero sobretodo en los malos. Y yo le había perdido a él. 'Te quiero' fueron sus últimas palabras. No quiero pensar que ya no volveré a escucharle, que no podré tener sus abrazos cuando el mundo se me venga encima. Soy cobarde sí, porque ahora mismo debería coger el teléfono y llamarle, decirle que vuelva conmigo. Venga Laura, deja tu orgullo a un lado y lucha, por él, por ti, y por vosotros.

No sé si estoy haciendo bien, en realidad no sé que decirle cuando me coja el teléfono, a parte, a lo mejor no quiere ni hablar conmigo después de como le he tratado, lo más probable es que haya decidido sacarme de su vida lo antes posible. Es mi última oportunidad, no puedo desaprovecharla.

1, 2, 3... Nada, no responde. Esto es definitivo, le he perdido. Para siempre.

-Laura.

-¿Álvaro? ¿Qué haces llamándome a estas horas?

-¿Es que no has leído mi mensaje?

-Sí. ¿Por qué lo dices?

-Porque no me has respondido.

-No tenía ganas, me siento como la mierda. ¿Tú sabes dónde ha ido Alex?

-Ni idea, cuando he llegado a casa todas sus cosas ya no estaban.

-Vale... Es que pasa de mí, no me coge el teléfono.

-Lo sé, es como si quisiera pasar de todo el mundo. ¿Ha pasado algo entre vosotros dos?

-Yo... Déjalo. ¿No tienes una idea de dónde puede haber ido?

-No, bueno, la verdad es que hay un lugar, pero no creo que esté ahí.


Tengo que recuperarle, tal vez las posibilidades de encontrarle ahí sean pocas, pero me da igual, no puedo dejar que se vaya, no por lo menos con las cosas así, sin aclarar. Necesito contarle todo, la forma en la que me siento cuando estoy con él, lo que me provocan sus caricias, lo necesario que se ha vuelto en mi vida en poco tiempo. Todo.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Capítulo 11.


Supongo que te pasas gran parte del tiempo esperando que alguien te diga esas dos palabras, que te susurren 'te quiero' al oído, y hagan que tu pulso se acelere, y cuando llega justo ese momento no sabes qué hacer, cómo actuar. Así estaba yo, tenía a Alex a mi lado, abrazándome, y seguramente esperando una respuesta. Pero no tenía el suficiente valor para decirle que yo también le quería, porque temía salir herida. ¿Sabéis lo que duele que alguien que te importa te haga daño? ¿Pasarse noches enteras sin dormir, pensando en que posiblemente esa persona que lo era tu todo ya te ha olvidado? No estaba dispuesta a pasar por lo mismo, no quería ver mi corazón roto de nuevo. Esta vez tenía que ser fuerte, me hice una promesa, y por muy difícil que fuera todo, la iba a cumplir.

-Alex... Yo, lo siento. Necesito que te vayas, por favor. -dije
separándolo de mí.

-¿Por qué? ¿Qué pasa? -preguntó algo confuso.

-Tan solo necesito estar sola.

-No quiero irme, ¿es que no te das cuenta?

-Por favor, vete.

-Te quiero, joder.

-Yo...no. Y ahora vete.

Alex al principio estaba dudando entre irse o quedarse, pero lo mejor para los dos sería alejarnos, saldríamos heridos tarde o temprano si seguíamos con esto. Así que cogió y salió por la habitación. Y puedo asegurar que justo en ese momento todo mi mundo se vino abajo, todas las fuerzas que tenía desaparecieron. Con él. Y seguramente nada volverá a ser lo mismo a partir de ahora. Probablemente me pase las próximas noches en vela, y llenando la almohada de lágrimas, pero quizás en un tiempo todo vuelva a estar bien. Que la vida no se acaba porque una persona se vaya de tu lado, ¿o sí?.

Los próximos días fueron una completa mierda. Era invierno. Y me pasaba gran parte del día viendo como caían las gotas de lluvia por la ventana, recordando su último 'te quiero'. Dicen que si quieres a alguien, tienes que dejarlo ir, pero ahora mismo no estaba de acuerdo. ¿Cómo puedes permitir que lo que te hace feliz, desaparezca de tu vida? No tiene sentido.

Sé que a lo mejor me he comportado como una imbécil, pero nunca es tarde para arreglar las cosas, ¿no?. Así que me armé de valor, y fui a llamar a Alex.

-¡Laura, abre la puerta! -me dijo mi madre, mientras bajaba las escaleras.

-¡Voy! -respondí.

Pero en el momento en que abrí la puerta, y vi a la persona que estaba al otro lado, el tiempo se congeló.

-Tú...

-Sí hija, soy yo. -respondió mi padre. Aunque en realidad yo había dejado de considerarle mi padre desde el momento en que nos dejó a mi madre y a mí.

-¿Qué haces tú aquí? -le espeté.

-Yo... necesitaba hablar ciertas cosas con tu madre.

-No creo que ella esté interesada en algo que tenga que ver contigo.

-Por favor, es importante.

-Te he dicho que...

Pero no me dio tiempo a terminar la frase, puesto que mi madre apareció, y me interrumpió.

-David, ¿qué haces aquí?

-Necesitaba hablar un asunto contigo.

-Está bien, pasa.

¿Pasa? ¿En serio? ¿Todo se ponía en mi contra ahora o que?

-Te odio. -le dije a mi padre con el mayor asco del mundo. Y subí a mi habitación, no quería estar ni un segundo más cerca suya.

El día no podía ir a peor, todo estaba destinado a salir mal. Cogí los cascos y me tumbé en la cama a escuchar música, necesitaba aislarme de todo por un rato, y entonces me llegó un whatsapp.

Laura, Alex se ha ido.”

Sí, justo ahí, me di cuenta de que no existiría un día peor, porque ese mensaje me rompió completamente por dentro.

sábado, 27 de septiembre de 2014

Capítulo 10.



Un solo segundo y todo cambia, pero no sabes si a mejor o a peor, pero todo deja de ser como era antes. Y justo en esos momentos, te das cuenta de si has ganado, o has perdido algo que era demasiado importante para ti. No rendirse, esa es la clave, pero cuando el muro es demasiado alto y llevas bastante tiempo escalando murallas, sientes tus piernas desfallecer, y tus fuerzas desaparecen. Ahora estoy aquí, algo perdida, todo me da vueltas, como un yin-yang, sólo que esta vez no sé cuál es la parte mala.

Oigo ruidos, como de una ambulancia, veo gente a mi alrededor. Le veo a él. Me susurra algo al oído, pero apenas soy capaz de percibirlo.

-No me dejes, por favor... -dice Alex.

Y después de esto, cierro los ojos completamente. No vuelvo a ver la luz del sol hasta horas después, y todo se hace demasiado pesado, hasta respirar, mover cualquier parte del cuerpo. “¿Dónde estoy?” Todo me resulta familiar, como si hubiera estado aquí alguna vez. Un hospital. “¿Qué hago aquí? -pienso?” Entonces alguien abre la puerta.

-Buenos días Laura, veo que has despertado. ¿Cómo te encuentras? -me pregunta el doctor.

-No sé, algo mareada. -digo como puedo.

-Bueno, después del golpe, eso es normal.

-¿Qué me ha pasado?

-Según me han contado, fuiste a cruzar la calle, y un coche te atropelló, el golpe fue bastante duro, pero hemos conseguido aminorar los daños.

-La verdad, no me acuerdo mucho de lo que pasó, aunque supongo que con el paso de las horas lo conseguiré.

-Claro que sí. Te dejo descansar, y hay alguien que quiere verte, lleva esperando toda la noche. ¿Le dejo pasar?

-¿Quién es?

-Un chico, dice que se llama Alex.

-Claro, dile que pase. Y gracias, por todo.
-De nada, mejórate. -y dicho esto se va.

Al cabo de unos minutos le veo entrar. Está algo cabizbajo, y tiene unas ojeras demasiado notables, por alguna razón se le ve triste, perdido.

-Hola.-me dice, mientras se sienta en una silla.

-Hola Alex. -respondo.

-Lo siento tanto pequeña. Todo esto ha sido por mi culpa, no debiste haber visto eso, por mi culpa ahora estás aquí, en esta cama. Lo siento. -quiere aguantarse las ganas de llorar, pero una lágrima ha empezado a caer por su mejilla derecha.

-No es tu culpa, son cosas que pasan. Y supongo que por lo otro, no debí ponerme así, no soy quién para decirte con quién tienes que estar o no.

-Tss, no digas nada más, ¿vale? -y me besa, un beso de esos cálidos que te hacen olvidar todo lo malo, al menos durante un rato. -Te quiero.

Quiero responder, pero me quedo helada, no me esperaba esa respuesta, no justo ahora.

martes, 2 de septiembre de 2014

Capítulo 9.

Dicen que el tiempo logra curar las heridas que fueron hechas en el pasado, que alguien conseguirá que estas se cierren para siempre, o que al menos cuando pensemos en ellas, no duelan tanto. Y eso me pasaba justo a mí, Alex me estaba ayudando poco a poco y sin darme a cuenta, a cerrar esas heridas. Aunque me costaba asumirlo, no quiero volver a ser dañada de nuevo, pero bueno, dicen que si no te arriesgas nunca sabrás si vas a ganar, ¿no?


Habían pasado ya varios días desde el mensaje de Alex, y no le había vuelto a ver. Hoy había una fiesta en mi casa, ¿la razón? Mi madre estaba fuera por unos días debido a un viaje de negocios, y mi hermano aprovechó para invitar a sus amigos a una pequeña fiesta en nuestra casa. De pequeña nada, y seguro que luego me tocará a mí limpiarlo todo, como siempre, ya que él estará lo suficientemente borracho como para no poder levantarse de la cama.

Hoy le vería, y estaba segura de decirle lo que sentía, creo que ya había esperado el tiempo suficiente, así que me arriesgaría. Necesitaba cambiar de libro, y Pablo fue aquel libro que no quería sacar de la estantería, por si pudiera volver a tener otra oportunidad de que estuviera entre mis brazos, pero no, necesitaba quemar ese libro, no me hacía nada bien, y Alex era justo la respuesta, o eso creo.

Como no tenía nada que ponerme, llamé a María para que me acompañara a ir de compras y así poder comprarme un vestido para esta noche.

-¿Laura? -dijo esta.

-Sí soy yo, quería preguntarte que si vendrías conmigo de compras.

-Claro, en 15 minutos estoy en tu casa.

-Vale, perfecto. -y colgué.

El día de compras fue bastante entretenido, me compré un vestido de palabra de honor azul cielo, que lo conjuntaría con unos tacones negros que tenía en casa. El resto del día me lo pasé pensando en cómo actuaría cuando Alex estuviera delante mío, y lo único que conseguí fue ponerme más nerviosa de lo que estaba. Entre tanto pensar llegó la noche, y con ella la fiesta. Me vestí y me maquillé, no mucho, ya que yo prefiero el estilo natural, pero quería estar bien para cuando Alex me viera.

Bajé, y le vi. Ahí estaba, con esa sonrisa que conseguía derretirte en un segundo. Cualquier cosa se que pusiera le quedaba bien, bueno, extremadamente bien. Era el momento, así que me acerqué, pero justo cuando estaba por tocarle el hombro para que se girara, una morena apareció y se colgó de su cuello. Al principio se sorprendió, pero luego reaccionó y le devolvió el abrazo.

-Hola Cristina, ¿qué haces aquí? -preguntó él.

-Pues nada, pasaba por aquí, y dije, ¿por qué no ver a mi pequeño? -dijo ella sonriente.

-Yo creo que ya dejamos las cosas claras, y no soy nada tuyo.

-Yo creo que sí. -y dicho esto le besó.


Al principio Alex no quiso corresponder el beso, pero luego terminó cediendo. Ver esta escena me partía el alma, yo estaba dispuesta a abrir mi corazón y lo único que conseguí fue que se rompiera más. No aguantaba más aquí dentro, necesitaba aire. Así que salí de casa y empecé a correr, pero justo en ese momento sentí como mi cuerpo caía al suelo y todo se volvía negro.


lunes, 25 de agosto de 2014

Capítulo 8.


¿Qué hago aquí?” Ahora me estoy arrepintiendo de lo que hice ayer, he vuelto a caer en la misma trampa de siempre. En un primer momento pensé que tal vez sería buena idea aclarar las cosas, ya que muchas de ellas habían quedado estancadas, pero tengo miedo de ser débil, no quiero volver a pasarlo mal, y me costó tiempo “olvidarle”, y creo que verle de nuevo no es una buena forma de sacarle completamente de mi cabeza y de mi corazón. Dicen que el primer amor no se olvida, que perdura en tu memoria por siempre, y puede que sea por eso porque me duele.

Alzo la cabeza y le veo. Tan sonriente como siempre, ha cambiado, pero a mejor, está un poco más alto, y sus ojos azules, esos me que enamoraron desde el primer día siguen siendo perfectos. “Laura, deja de pensar en eso. Te hizo daño, mucho, así que no se merece que le mires así”.

-Hola pequeña. -me dice sonriendo, y me da dos besos en la mejilla.

-Pablo... -digo, no me sale ni un simple 'hola'.

-¿Qué tal estás? -pregunta.

¿Qué tal estoy? ¿En serio? ¿Acaso no se da cuenta de que por su culpa me pasé bastantes noches sin dormir, que todo dejó de tener sentido durante un tiempo?”

-Lo primero de todo, no tienes derecho a llamarme pequeña, lo perdiste cuando te fuiste, y lo segundo, estaba perfectamente hasta que apareciste. ¿No te bastó con dejarme sin darme alguna explicación?

-Yo...Tuve que irme, necesitaba un tiempo.

-¿Un tiempo? No puedes venir, y pedirme una segunda oportunidad. No voy a negar que aún me importas, porque estaría mintiendo. Vivimos muchos momentos juntos, pero necesito cambiar de libro, y si te tengo a mi lado, lo único que haré será hundirme más. Así que ahora soy yo la que te pide un tiempo, pero no un 'hasta pronto', sino un 'hasta siempre'

-Pero yo te quiero, joder.

-No puedes querer a quien causas tanto dolor, así que mejor vete, y esta vez no vuelvas.

-Te necesito.

-Pero yo a ti no. -dije sonando lo más convincente que pude.

Dicho esto me fui, no quería volver a saber de él, sé que el pasado seguirá dentro de mí, pero con el tiempo cada vez cobrará menos importancia. Porque los recuerdos son eso, vivencias con personas, pero también se pueden crear nuevos recuerdos con nuevas personas.

Cogí mi móvil y me puse a escuchar música, me quedaban como unos 15 minutos para llegar a casa, así que necesitaba despejarme un poco. Llegué a casa y le vi. “¿Alex? ¿Qué hacía él aquí?”

-Hola. -lo saludé.

-Hola. Yo te debo una explicación, aunque sigo un poco cabreado por la patada que me diste eh.

-¿Yo? ¿Patada? Lo estarías soñando.

-Pues sí, la verdad es que he estado soñando contigo.

¿Qué? No me esperaba para nada esa respuesta, aunque conociendo a Alex seguro que sería una de sus bromas o uno de sus intentos para ponerme nerviosa.

-¿Qué..qué has dicho?

-¿Te pongo nerviosa, cariño? -preguntó burlón.

-Tú...no, no me pones nerviosa. -y entré corriendo en casa. Ya van dos veces que le dejo con la palabra en la boca. Punto para mí.

El resto del día fue bastante aburrido, me lo pasé viendo películas y escuchando música. Me estaba quedando dormida así que decidí irme a dormir, cuando me llega un whatsapp. Lo abro.

Sueña conmigo pequeña, y no se me olvida lo de hoy. Besos.”

Era de Alex, y por alguna razón su mensaje me hizo sonreír, en cierto modo había sido un día difícil y lo necesitaba, y gracias a él conseguí conciliar el sueño.

viernes, 22 de agosto de 2014

Capítulo 7.



No conseguí dormir, ni esa noche ni las siguientes. Alex había desaparecido de mi vida. Al principio pensaba que era lo mejor, supuse que era lo mejor, mantenernos lejos, pero después de la fiesta muchas cosas habían cambiado dentro de mí, no quería, pero en el fondo, mi corazón se estaba acercando a su elección definitiva. Tic tac, sonaba en mi cabeza, abre tu corazón o será tarde, decía esa voz.

Necesitaba despejarme, todo había sido un boom de emociones, me prometí no volver a sentir esto por nadie después de lo de Pablo, no quería mi corazón dañado de nuevo. Cogí el primer pantalón de deporte que encontré en el armario, me puse mi top y salí a correr.

-Mamá, me voy a correr un rato. -dije mientras bajaba las escaleras.

-Vale hija. -me dijo sonriente- Cualquier cosa me llamas.

-Okey. -salí y cerré la puerta.

Mi madre se había vuelto algo protectora conmigo, supongo que desde que Pablo me dejó no quería tener que volver a ver a su hija deprimida, así que se preocupa por cualquier cosa.

El día está soleado, no como estos días anteriores, aunque en la calle hay poca gente, suponiendo que son las 7:15 no es que sea muy raro. Saco mis cascos del bolsillo y me pongo a escuchar Imagine Dragons, su música me relaja, y en estos momentos es lo que más necesito. No sé ni cuánto tiempo llevo corriendo, pero entonces me llega un mensaje al móvil, decido ignorarlo, pero tengo demasiada curiosidad. Mierda. Es de, ¿Pablo? ¿Qué hace Pablo mandándome un mensaje? Lo abro.

Laura, sé que fui un capullo contigo, pero necesito verte. ¿Quedamos mañana en la plaza de la fuente? Besos.”

Al segundo me arrepiento de haberlo hecho, siento mis piernas desfallecer, y se me nubla la vista, lo último que siento es como caigo al suelo. Luego todo se vuelve negro.

Poco a poco una luz me obliga a abrir los ojos, me cuesta reconocer dónde estoy. Mi habitación. ¿Cómo he llegado aquí? ¿Y cuánto tiempo llevo durmiendo?

-¿Mamá? -digo algo dudosa.

-Laura... Me tenías muy preocupada. ¿Qué te ha pasado? -dice, y se le ve en la cara que está bastante preocupada.

-Yo...no lo sé.

-Está bien cielo, dejaré que te despejes y luego bajas a comer.

-Vale mamá, gracias.

Se va y me quedo sola en la habitación, poco a poco los recuerdos vienen a mí. Estaba corriendo. Un mensaje. Pablo. Después de esto último miro rápidamente mi móvil. Joder. Pensé que sería un sueño, que quizás el fuego no se avivara de nuevo, pero tal vez no he querido todavía que ese fuego se extinga, sé que lo que voy a hacer está mal, pero necesito sacarme esta espina que me mata, aclarar ciertas cosas del pasado, un pasado que se ha vuelto presente. “Espero no arrepentirme” -me digo.

Está bien, mañana a las 11:00 en la plaza”

Ni besos ni nada, no se los merece, después de haber estado jodida tanto tiempo por su culpa no se merece ni que le dirija la palabra, pero no lo hago por él, sino por mí. Cojo el móvil y lo dejo en la mesilla y bajo a comer, supongo que todo se aclarará mañana.


lunes, 18 de agosto de 2014

Capítulo 6.

"¿Por qué nos estamos besando?" Pensaba que no le importaba, o al menos eso ha dado a entender durante todos estos días, era todo muy extraño. Aunque a pesar de todo eso, la sensación era magnífica, sus labios encajaban perfectamente con los míos, ni con Pablo llegué a sentir todo lo que siento ahora, y eso que le conozco desde hace poco. ¿Cómo una persona que acabas de conocer, puede marcarte tanto, desmoronar tu mundo con un simple beso, una caricia tonta? Y no quería sentir esto, bueno, tal vez sí, pero no lo que podría originar. Desde hace algunos meses he llegado a la conclusión de que no estaba hecha para el amor, nadie permanecía conmigo mucho tiempo, y sí lo hacían era para terminar dañándome.

-¿Pero qué haces? -le grité, nadie se percató, puesto que la mayoría ya estaban medio borrachos.

-Yo...

No sabía que decir, se le notaba nervioso. Alex no era de esa clase de chicos que se ponían nerviosos por cualquier cosa.

-¿Tú qué? -le exigí.

-Fue un error, lo siento. -y se fue.

Tenía esa costumbre de dejarme con la palabra en la boca. En parte fue un alivio, sabía que entre nosotros no podría pasar algo, "¿Pero por qué me sentía dolida?" No éramos nada, así que no tenía porque afectarme, pero sentía como sí me hubieran rechazado, como sí la realidad me golpeara de lleno.

El resto de la noche fue bastante aburrida, no había vuelto a ver a María desde que llegamos, algunos chicos se habían acercado para bailar conmigo, pero yo no estaba de humor. Ya estaba cansada así que me dispuse a irme, le envié un mensaje a María diciendo que me iba, y ya que habíamos venido en su coche, tendría que llamar a un taxi. Cuando estaba por salir, vi algo que me hizo detenerme. Alex se estaba besando con una rubia, y se le veía bastante feliz: "Idiota" pensé. Me besa, dice que fue un error, y luego va a besarse con otra. Esto no se iba a quedar así, pasé por su lado y le lancé el cubata que tenía en la mano, y salí con una de mis mejores sonrisas.

-Laura... -me llamó Alex.

Pero yo no estaba dispuesta a darme la vuelta, la noche ya había sido bastante mierda como para que se terminara de arruinar del todo. Esta vez había sido yo la que le había dejado con la palabra en la boca. O eso pensaba.

No me dio tiempo a avanzar más, puesto que una mano me estaba agarrando la muñeca y me impedía moverme.

-¡Suéltame! -grité.

-No te voy a soltar. -me dijo serio.

-¡He dicho que me sueltes, joder!

-¿Por qué hiciste eso? -inquirió.

-¿Hacer el qué? -me hice la despistada.

-Tirarme el vaso encima. -dijo un poco molesto.

-¿Y tú por qué estabas besando a esa? -pregunté, y al segundo me arrepentí de ello.

-¿Celosa? -dijo con un tono de burla.

-Más quisieras, y ahora suéltame.

-No.

Como no me hacía caso, le pegué una patada en la entrepierna y me solté de su agarre.

-Auch. -se quejó.

-Para que te acuerdes de mí, y que tengas dulces sueños. -dicho esto, salí de allí y me subí al primer taxi que encontré.

martes, 29 de julio de 2014

Capítulo 5.

Los días pasaban y las dudas se volvían enormes, "Aquella frase que me dijo, ¿qué quería decir con ella?" Desde aquel día no volví a hablar con Alex, últimamente mi hermano ya no venía a recogerme a la universidad, solía traerme una amiga a casa, que resultó ser que vivía muy cerca de ella, por lo que el contacto con su amigo había desaparecido. Me habían invitado a una fiesta, en casa de un tal Jorge, la verdad es que no recuerdo muy bien el nombre, pero bueno, me convencieron para ir. No soy mucho de fiestas, en realidad es porque no me traen muy buenos recuerdos, pero debía de integrarme, no podía aislarme de todo, así que puse mi mejor cara y busqué algo con lo que vestirme.

Al final me decidí por un vestido, ni muy largo ni muy corto, aunque tampoco es que tuviera mucho que enseñar, digamos que tengo un cuerpo bastante normal, nada del otro mundo. Sobre las 20:30 pasaría a recogerme María, una amiga de clase, aunque bueno, yo ya estaba lista desde hace un rato, así que me senté en el sofá a ver un rato la televisión. Estaba sola, pues mi hermano había salido de fiesta y no me quiso decir a donde iba, seguro que era una de esas fiesta en las que siempre volvía borracho a casa y se tiraba todo el día durmiendo.

Al cabo de un rato llamaron al timbre y fui a abrir. Ahí estaba María, con una de sus grandes sonrisas, vestía un vestido rojo que la quedaba perfecto, daba igual lo que se pusiese, todo la quedaba bien. 

-Wow, ¿preparada para ligar, eh? -dije sin dejar de reírme.

-Puede ser. -respondió riéndose.

Subimos a su coche, y nos dirigimos a la fiesta. La verdad es que conocía a poca gente, la mayoría eran de clase, pero no había hablado muchas veces con ellos. Busqué en algunas de las mesas algo para beber, cuando alguien me coge por la cintura. Me giro y me encuentro con esos ojos color café que tanto me gustan, y me quedo boquiabierta, "¿Después del tiempo que ha estado ignorándome se atreve a acercarse a mí?"

-¿Qué haces aquí? -le espeté, estaba molesta.

-Divertirme. -dijo él en un tono de burla.

-Muy gracioso, ¿no? Pasas de mí todo este tiempo y ahora...

No me dejó terminar ya que sus labios estaban sobre los míos, lo peor de todo era que no quería devolverle el beso, pero al final acabé cediendo.


miércoles, 23 de julio de 2014

Capítulo 4.

Ya lo tenía claro, debía acercarse a él y ver como acababa todo, aunque era el mejor amigo de su hermano no podía dejar sus sentimientos a un lado, a parte ya era mayorcita como para que alguien le dijera con quién debería estar. En cambio, por la cabeza de Alex pasaban otras cosas, aunque en un primer momento estaba decidido a aclarar lo que sentía no podía correr el riesgo, sabía que la terminaría haciendo daño, ni el mismo había sido capaz de aceptar su pasado todavía, no podía involucrar a alguien más.


-Hola chicos. -dijo Laura con una de sus mayores sonrisa.


-Hermanita, que feliz que estás hoy, eh. -respondió Álvaro en un tono de burla.

-Sí, y que sepas que nada de lo que digas va a hacer que cambie mi estado de ánimo.


Alex mientras observaba la escena, le encantaba ver a Laura así de feliz, su sonrisa era de esas adictivas, que aunque te lo propusieras no serías capaz de dejar de mirarla.

-Bueno, ¿entonces que vamos a cenar? -quiso saber Laura, que estaba un poco hambrienta.


-¿Pizza? -preguntaron los dos chicos a la vez.

-Perfecto, llamaré a la pizzería entonces. -respondió esta.


Después de la cena, bueno, en realidad, de ver como su hermano y su amigo devoraban casi toda la pizza decidió irse a dormir. Necesitaba pensar en ciertas cosas y el día había sido un poco difícil. Pero una vez que estaba en la cama todas esas pesadillas que creía superadas volvieron, cuando Pablo se fue de su lado, cuando su padre decidió alejarse, todos la dejaban sola, y eso hacía que Laura tardara tiempo en confiar en alguien completamente, tenía miedo de ser decepcionada de nuevo. Le era imposible conciliar el sueño, así que decidió bajar a la cocina a por un vaso de agua, tal vez así lograba calmarse un poco.

Todo fue en vano, una vez que iba a volver a subir a su habitación se chocó con alguien, pensó que era su hermano, pero cuando levantó la mirada se encontró con esos ojos que conseguían hacer que su corazón latiese a un ritmo desenfrenado. Se tapó la cara, no quería que le preguntara el porqué de esos ojos tan llorosos, pero ya era tarde.

-Eh pequeña, ¿por qué has estado llorando? -dijo en un susurro.

-Por nada... -respondió esta, y las lágrimas volvieron a brotar de sus ojos.

-Shhh, ven aquí. -la atrajo hacia sí en un abrazo.

Estuvieron así un rato, y poco a poco Laura se fue calmando, a su lado se sentía segura, en paz, el resto del mundo dejaba de existir, solo estaban ellos dos.

-Yo... -intentaba decir Laura, pero Alex la interrumpió.

-Te mereces ser feliz, ¿vale? Y puede que tu felicidad esté cerca, o a miles de kilómetros, eso depende de ti. -y dicho esto se fue, dejando a Laura sin palabras y con muchas más dudas que antes.


sábado, 12 de julio de 2014

Capítulo 3.

Llegué a casa, como siempre acompañada de mi hermano y su amigo, aquel que no me dejaba conciliar el sueño por las noches, el que había hecho que algo dentro de mí volviera a nacer. Revivir algo muerto. Y la verdad no sé como había pasado, sí ni siquiera le conocía, no sabía nada de él, bueno, su nombre, Alex. Tenía que apartar cualquier pensamiento sobre él, sino todo esto iría en aumento y llegaría un momento en que no sería capaz de controlarlo. Esta vez iban a pasar la noche en casa, ¿la razón? Mi madre había salido, estaba rehaciendo su vida, yo no estaba en contra de ello pero no quería que lo volviera a pasar mal, aunque ella ya lo tenía bastante superado. Y respecto a lo de no quedarme sola en casa, cuando a mi madre se le antoja algo, es imposible hacerle cambiar de opinión. Así que me toca pasar la noche con mi hermano y su perfecto amigo. Sería una noche bastante larga.

Subí a mi habitación y me puse a escuchar música, me relajaba cuando estaba nerviosa, y hoy lo estaba y mucho, más que mi primer día de universidad, y la razón se encontraba justo ahí abajo.

Mientras en la planta baja.

-Que paliza te estoy metiendo. -dijo Alex sin parar de reír.

-Calla imbécil. -le respondió Álvaro un poco enfadado.

-Seré imbécil, pero el que está perdiendo eres tú.

-Ya ya...

-Por cierto, ¿tu hermana está muy buena, no? -preguntó Alex, y esto pilló desprevenido a Álvaro.

-¿Pero qué dices tío? Es mi hermana, ni se te ocurra. -le dijo este con un tono un poco serio.

-Eh, eh, que no lo decía a malas joder.

-Mejor no lo digas de ninguna forma.

Pero Alex seguía pensando así, no sabía que le había hecho esa chica, pero desde que la vio el otro día, no se la ha podido sacar de la cabeza. Nunca le había pasado eso con ninguna chica y debía averiguar por qué se sentía así con ella.

Mientras en la planta de arriba.

Laura decidió hablar con sus amigas del tema "amigo de su hermano". Necesitaba a alguien con quien desahogarse y ordenar todo ese lío que tenía. No quería volver a pasar por lo mismo de hace un tiempo, y sus amigas fueron todo su apoyo durante aquel tiempo, y sabía que podía contar con ellas para lo que fuera, así que cogió su móvil y llamó a su mejor amiga, Cristina.

-¡Hola! -respondió su amiga al otro lado del teléfono.

-Hola pequeña, tengo que contarte una cosa, necesito tu ayuda.

-Claro, me tienes para lo que sea.

Después de estar durante casi veinte minutos hablando, su amiga le había aclarado un poco las cosas.

-Muchas gracias Cristina, tú siempre estás cuando te necesito.

-Claro que sí cielo, y mucho ánimo.

-Te contaré. Bye. -se despidió Laura.

Ahora ya sabía lo que tenía que hacer, o por lo menos como debía empezar a alejar todas sus dudas.