lunes, 18 de agosto de 2014

Capítulo 6.

"¿Por qué nos estamos besando?" Pensaba que no le importaba, o al menos eso ha dado a entender durante todos estos días, era todo muy extraño. Aunque a pesar de todo eso, la sensación era magnífica, sus labios encajaban perfectamente con los míos, ni con Pablo llegué a sentir todo lo que siento ahora, y eso que le conozco desde hace poco. ¿Cómo una persona que acabas de conocer, puede marcarte tanto, desmoronar tu mundo con un simple beso, una caricia tonta? Y no quería sentir esto, bueno, tal vez sí, pero no lo que podría originar. Desde hace algunos meses he llegado a la conclusión de que no estaba hecha para el amor, nadie permanecía conmigo mucho tiempo, y sí lo hacían era para terminar dañándome.

-¿Pero qué haces? -le grité, nadie se percató, puesto que la mayoría ya estaban medio borrachos.

-Yo...

No sabía que decir, se le notaba nervioso. Alex no era de esa clase de chicos que se ponían nerviosos por cualquier cosa.

-¿Tú qué? -le exigí.

-Fue un error, lo siento. -y se fue.

Tenía esa costumbre de dejarme con la palabra en la boca. En parte fue un alivio, sabía que entre nosotros no podría pasar algo, "¿Pero por qué me sentía dolida?" No éramos nada, así que no tenía porque afectarme, pero sentía como sí me hubieran rechazado, como sí la realidad me golpeara de lleno.

El resto de la noche fue bastante aburrida, no había vuelto a ver a María desde que llegamos, algunos chicos se habían acercado para bailar conmigo, pero yo no estaba de humor. Ya estaba cansada así que me dispuse a irme, le envié un mensaje a María diciendo que me iba, y ya que habíamos venido en su coche, tendría que llamar a un taxi. Cuando estaba por salir, vi algo que me hizo detenerme. Alex se estaba besando con una rubia, y se le veía bastante feliz: "Idiota" pensé. Me besa, dice que fue un error, y luego va a besarse con otra. Esto no se iba a quedar así, pasé por su lado y le lancé el cubata que tenía en la mano, y salí con una de mis mejores sonrisas.

-Laura... -me llamó Alex.

Pero yo no estaba dispuesta a darme la vuelta, la noche ya había sido bastante mierda como para que se terminara de arruinar del todo. Esta vez había sido yo la que le había dejado con la palabra en la boca. O eso pensaba.

No me dio tiempo a avanzar más, puesto que una mano me estaba agarrando la muñeca y me impedía moverme.

-¡Suéltame! -grité.

-No te voy a soltar. -me dijo serio.

-¡He dicho que me sueltes, joder!

-¿Por qué hiciste eso? -inquirió.

-¿Hacer el qué? -me hice la despistada.

-Tirarme el vaso encima. -dijo un poco molesto.

-¿Y tú por qué estabas besando a esa? -pregunté, y al segundo me arrepentí de ello.

-¿Celosa? -dijo con un tono de burla.

-Más quisieras, y ahora suéltame.

-No.

Como no me hacía caso, le pegué una patada en la entrepierna y me solté de su agarre.

-Auch. -se quejó.

-Para que te acuerdes de mí, y que tengas dulces sueños. -dicho esto, salí de allí y me subí al primer taxi que encontré.

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