sábado, 27 de septiembre de 2014

Capítulo 10.



Un solo segundo y todo cambia, pero no sabes si a mejor o a peor, pero todo deja de ser como era antes. Y justo en esos momentos, te das cuenta de si has ganado, o has perdido algo que era demasiado importante para ti. No rendirse, esa es la clave, pero cuando el muro es demasiado alto y llevas bastante tiempo escalando murallas, sientes tus piernas desfallecer, y tus fuerzas desaparecen. Ahora estoy aquí, algo perdida, todo me da vueltas, como un yin-yang, sólo que esta vez no sé cuál es la parte mala.

Oigo ruidos, como de una ambulancia, veo gente a mi alrededor. Le veo a él. Me susurra algo al oído, pero apenas soy capaz de percibirlo.

-No me dejes, por favor... -dice Alex.

Y después de esto, cierro los ojos completamente. No vuelvo a ver la luz del sol hasta horas después, y todo se hace demasiado pesado, hasta respirar, mover cualquier parte del cuerpo. “¿Dónde estoy?” Todo me resulta familiar, como si hubiera estado aquí alguna vez. Un hospital. “¿Qué hago aquí? -pienso?” Entonces alguien abre la puerta.

-Buenos días Laura, veo que has despertado. ¿Cómo te encuentras? -me pregunta el doctor.

-No sé, algo mareada. -digo como puedo.

-Bueno, después del golpe, eso es normal.

-¿Qué me ha pasado?

-Según me han contado, fuiste a cruzar la calle, y un coche te atropelló, el golpe fue bastante duro, pero hemos conseguido aminorar los daños.

-La verdad, no me acuerdo mucho de lo que pasó, aunque supongo que con el paso de las horas lo conseguiré.

-Claro que sí. Te dejo descansar, y hay alguien que quiere verte, lleva esperando toda la noche. ¿Le dejo pasar?

-¿Quién es?

-Un chico, dice que se llama Alex.

-Claro, dile que pase. Y gracias, por todo.
-De nada, mejórate. -y dicho esto se va.

Al cabo de unos minutos le veo entrar. Está algo cabizbajo, y tiene unas ojeras demasiado notables, por alguna razón se le ve triste, perdido.

-Hola.-me dice, mientras se sienta en una silla.

-Hola Alex. -respondo.

-Lo siento tanto pequeña. Todo esto ha sido por mi culpa, no debiste haber visto eso, por mi culpa ahora estás aquí, en esta cama. Lo siento. -quiere aguantarse las ganas de llorar, pero una lágrima ha empezado a caer por su mejilla derecha.

-No es tu culpa, son cosas que pasan. Y supongo que por lo otro, no debí ponerme así, no soy quién para decirte con quién tienes que estar o no.

-Tss, no digas nada más, ¿vale? -y me besa, un beso de esos cálidos que te hacen olvidar todo lo malo, al menos durante un rato. -Te quiero.

Quiero responder, pero me quedo helada, no me esperaba esa respuesta, no justo ahora.

martes, 2 de septiembre de 2014

Capítulo 9.

Dicen que el tiempo logra curar las heridas que fueron hechas en el pasado, que alguien conseguirá que estas se cierren para siempre, o que al menos cuando pensemos en ellas, no duelan tanto. Y eso me pasaba justo a mí, Alex me estaba ayudando poco a poco y sin darme a cuenta, a cerrar esas heridas. Aunque me costaba asumirlo, no quiero volver a ser dañada de nuevo, pero bueno, dicen que si no te arriesgas nunca sabrás si vas a ganar, ¿no?


Habían pasado ya varios días desde el mensaje de Alex, y no le había vuelto a ver. Hoy había una fiesta en mi casa, ¿la razón? Mi madre estaba fuera por unos días debido a un viaje de negocios, y mi hermano aprovechó para invitar a sus amigos a una pequeña fiesta en nuestra casa. De pequeña nada, y seguro que luego me tocará a mí limpiarlo todo, como siempre, ya que él estará lo suficientemente borracho como para no poder levantarse de la cama.

Hoy le vería, y estaba segura de decirle lo que sentía, creo que ya había esperado el tiempo suficiente, así que me arriesgaría. Necesitaba cambiar de libro, y Pablo fue aquel libro que no quería sacar de la estantería, por si pudiera volver a tener otra oportunidad de que estuviera entre mis brazos, pero no, necesitaba quemar ese libro, no me hacía nada bien, y Alex era justo la respuesta, o eso creo.

Como no tenía nada que ponerme, llamé a María para que me acompañara a ir de compras y así poder comprarme un vestido para esta noche.

-¿Laura? -dijo esta.

-Sí soy yo, quería preguntarte que si vendrías conmigo de compras.

-Claro, en 15 minutos estoy en tu casa.

-Vale, perfecto. -y colgué.

El día de compras fue bastante entretenido, me compré un vestido de palabra de honor azul cielo, que lo conjuntaría con unos tacones negros que tenía en casa. El resto del día me lo pasé pensando en cómo actuaría cuando Alex estuviera delante mío, y lo único que conseguí fue ponerme más nerviosa de lo que estaba. Entre tanto pensar llegó la noche, y con ella la fiesta. Me vestí y me maquillé, no mucho, ya que yo prefiero el estilo natural, pero quería estar bien para cuando Alex me viera.

Bajé, y le vi. Ahí estaba, con esa sonrisa que conseguía derretirte en un segundo. Cualquier cosa se que pusiera le quedaba bien, bueno, extremadamente bien. Era el momento, así que me acerqué, pero justo cuando estaba por tocarle el hombro para que se girara, una morena apareció y se colgó de su cuello. Al principio se sorprendió, pero luego reaccionó y le devolvió el abrazo.

-Hola Cristina, ¿qué haces aquí? -preguntó él.

-Pues nada, pasaba por aquí, y dije, ¿por qué no ver a mi pequeño? -dijo ella sonriente.

-Yo creo que ya dejamos las cosas claras, y no soy nada tuyo.

-Yo creo que sí. -y dicho esto le besó.


Al principio Alex no quiso corresponder el beso, pero luego terminó cediendo. Ver esta escena me partía el alma, yo estaba dispuesta a abrir mi corazón y lo único que conseguí fue que se rompiera más. No aguantaba más aquí dentro, necesitaba aire. Así que salí de casa y empecé a correr, pero justo en ese momento sentí como mi cuerpo caía al suelo y todo se volvía negro.