martes, 2 de septiembre de 2014

Capítulo 9.

Dicen que el tiempo logra curar las heridas que fueron hechas en el pasado, que alguien conseguirá que estas se cierren para siempre, o que al menos cuando pensemos en ellas, no duelan tanto. Y eso me pasaba justo a mí, Alex me estaba ayudando poco a poco y sin darme a cuenta, a cerrar esas heridas. Aunque me costaba asumirlo, no quiero volver a ser dañada de nuevo, pero bueno, dicen que si no te arriesgas nunca sabrás si vas a ganar, ¿no?


Habían pasado ya varios días desde el mensaje de Alex, y no le había vuelto a ver. Hoy había una fiesta en mi casa, ¿la razón? Mi madre estaba fuera por unos días debido a un viaje de negocios, y mi hermano aprovechó para invitar a sus amigos a una pequeña fiesta en nuestra casa. De pequeña nada, y seguro que luego me tocará a mí limpiarlo todo, como siempre, ya que él estará lo suficientemente borracho como para no poder levantarse de la cama.

Hoy le vería, y estaba segura de decirle lo que sentía, creo que ya había esperado el tiempo suficiente, así que me arriesgaría. Necesitaba cambiar de libro, y Pablo fue aquel libro que no quería sacar de la estantería, por si pudiera volver a tener otra oportunidad de que estuviera entre mis brazos, pero no, necesitaba quemar ese libro, no me hacía nada bien, y Alex era justo la respuesta, o eso creo.

Como no tenía nada que ponerme, llamé a María para que me acompañara a ir de compras y así poder comprarme un vestido para esta noche.

-¿Laura? -dijo esta.

-Sí soy yo, quería preguntarte que si vendrías conmigo de compras.

-Claro, en 15 minutos estoy en tu casa.

-Vale, perfecto. -y colgué.

El día de compras fue bastante entretenido, me compré un vestido de palabra de honor azul cielo, que lo conjuntaría con unos tacones negros que tenía en casa. El resto del día me lo pasé pensando en cómo actuaría cuando Alex estuviera delante mío, y lo único que conseguí fue ponerme más nerviosa de lo que estaba. Entre tanto pensar llegó la noche, y con ella la fiesta. Me vestí y me maquillé, no mucho, ya que yo prefiero el estilo natural, pero quería estar bien para cuando Alex me viera.

Bajé, y le vi. Ahí estaba, con esa sonrisa que conseguía derretirte en un segundo. Cualquier cosa se que pusiera le quedaba bien, bueno, extremadamente bien. Era el momento, así que me acerqué, pero justo cuando estaba por tocarle el hombro para que se girara, una morena apareció y se colgó de su cuello. Al principio se sorprendió, pero luego reaccionó y le devolvió el abrazo.

-Hola Cristina, ¿qué haces aquí? -preguntó él.

-Pues nada, pasaba por aquí, y dije, ¿por qué no ver a mi pequeño? -dijo ella sonriente.

-Yo creo que ya dejamos las cosas claras, y no soy nada tuyo.

-Yo creo que sí. -y dicho esto le besó.


Al principio Alex no quiso corresponder el beso, pero luego terminó cediendo. Ver esta escena me partía el alma, yo estaba dispuesta a abrir mi corazón y lo único que conseguí fue que se rompiera más. No aguantaba más aquí dentro, necesitaba aire. Así que salí de casa y empecé a correr, pero justo en ese momento sentí como mi cuerpo caía al suelo y todo se volvía negro.


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