Dicen que el tiempo
logra curar las heridas que fueron hechas en el pasado, que alguien
conseguirá que estas se cierren para siempre, o que al menos cuando
pensemos en ellas, no duelan tanto. Y eso me pasaba justo a mí,
Alex me estaba ayudando poco a poco y sin darme a cuenta, a cerrar
esas heridas. Aunque me costaba asumirlo, no quiero volver a ser
dañada de nuevo, pero bueno, dicen que si no te arriesgas nunca
sabrás si vas a ganar, ¿no?
Habían
pasado ya varios días desde el mensaje de Alex, y no le había
vuelto a ver. Hoy había una fiesta en mi casa, ¿la razón? Mi madre
estaba fuera por unos días debido a un viaje de negocios, y mi
hermano aprovechó para invitar a sus amigos a una pequeña
fiesta en nuestra casa. De pequeña nada, y seguro que luego me
tocará a mí limpiarlo todo, como siempre, ya que él estará lo
suficientemente borracho como para no poder levantarse de la cama.
Hoy le vería, y
estaba segura de decirle lo que sentía, creo que ya había esperado
el tiempo suficiente, así que me arriesgaría. Necesitaba cambiar de
libro, y Pablo fue aquel libro que no quería sacar de la estantería,
por si pudiera volver a tener otra oportunidad de que estuviera entre
mis brazos, pero no, necesitaba quemar ese libro, no me hacía nada
bien, y Alex era justo la respuesta, o eso creo.
Como no tenía nada
que ponerme, llamé a María para que me acompañara a ir de compras
y así poder comprarme un vestido para esta noche.
-¿Laura? -dijo esta.
-Sí soy yo, quería
preguntarte que si vendrías conmigo de compras.
-Claro, en 15 minutos
estoy en tu casa.
-Vale, perfecto. -y
colgué.
El día de compras fue
bastante entretenido, me compré un vestido de palabra de honor azul
cielo, que lo conjuntaría con unos tacones negros que tenía en
casa. El resto del día me lo pasé pensando en cómo actuaría
cuando Alex estuviera delante mío, y lo único que conseguí fue
ponerme más nerviosa de lo que estaba. Entre tanto pensar llegó la
noche, y con ella la fiesta. Me vestí y me maquillé, no mucho, ya
que yo prefiero el estilo natural, pero quería estar bien para
cuando Alex me viera.
Bajé, y le vi. Ahí
estaba, con esa sonrisa que conseguía derretirte en un segundo.
Cualquier cosa se que pusiera le quedaba bien, bueno, extremadamente
bien. Era el momento, así que me acerqué, pero justo cuando estaba
por tocarle el hombro para que se girara, una morena apareció y se
colgó de su cuello. Al principio se sorprendió, pero luego
reaccionó y le devolvió el abrazo.
-Hola Cristina, ¿qué
haces aquí? -preguntó él.
-Pues nada, pasaba por
aquí, y dije, ¿por qué no ver a mi pequeño? -dijo ella sonriente.
-Yo creo que ya
dejamos las cosas claras, y no soy nada tuyo.
-Yo creo que sí. -y
dicho esto le besó.
Al principio Alex no
quiso corresponder el beso, pero luego terminó cediendo. Ver esta
escena me partía el alma, yo estaba dispuesta a abrir mi corazón y
lo único que conseguí fue que se rompiera más. No aguantaba más
aquí dentro, necesitaba aire. Así que salí de casa y empecé a correr, pero justo en ese momento sentí como mi cuerpo caía al
suelo y todo se volvía negro.
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