lunes, 8 de diciembre de 2014

Capítulo 11.


Supongo que te pasas gran parte del tiempo esperando que alguien te diga esas dos palabras, que te susurren 'te quiero' al oído, y hagan que tu pulso se acelere, y cuando llega justo ese momento no sabes qué hacer, cómo actuar. Así estaba yo, tenía a Alex a mi lado, abrazándome, y seguramente esperando una respuesta. Pero no tenía el suficiente valor para decirle que yo también le quería, porque temía salir herida. ¿Sabéis lo que duele que alguien que te importa te haga daño? ¿Pasarse noches enteras sin dormir, pensando en que posiblemente esa persona que lo era tu todo ya te ha olvidado? No estaba dispuesta a pasar por lo mismo, no quería ver mi corazón roto de nuevo. Esta vez tenía que ser fuerte, me hice una promesa, y por muy difícil que fuera todo, la iba a cumplir.

-Alex... Yo, lo siento. Necesito que te vayas, por favor. -dije
separándolo de mí.

-¿Por qué? ¿Qué pasa? -preguntó algo confuso.

-Tan solo necesito estar sola.

-No quiero irme, ¿es que no te das cuenta?

-Por favor, vete.

-Te quiero, joder.

-Yo...no. Y ahora vete.

Alex al principio estaba dudando entre irse o quedarse, pero lo mejor para los dos sería alejarnos, saldríamos heridos tarde o temprano si seguíamos con esto. Así que cogió y salió por la habitación. Y puedo asegurar que justo en ese momento todo mi mundo se vino abajo, todas las fuerzas que tenía desaparecieron. Con él. Y seguramente nada volverá a ser lo mismo a partir de ahora. Probablemente me pase las próximas noches en vela, y llenando la almohada de lágrimas, pero quizás en un tiempo todo vuelva a estar bien. Que la vida no se acaba porque una persona se vaya de tu lado, ¿o sí?.

Los próximos días fueron una completa mierda. Era invierno. Y me pasaba gran parte del día viendo como caían las gotas de lluvia por la ventana, recordando su último 'te quiero'. Dicen que si quieres a alguien, tienes que dejarlo ir, pero ahora mismo no estaba de acuerdo. ¿Cómo puedes permitir que lo que te hace feliz, desaparezca de tu vida? No tiene sentido.

Sé que a lo mejor me he comportado como una imbécil, pero nunca es tarde para arreglar las cosas, ¿no?. Así que me armé de valor, y fui a llamar a Alex.

-¡Laura, abre la puerta! -me dijo mi madre, mientras bajaba las escaleras.

-¡Voy! -respondí.

Pero en el momento en que abrí la puerta, y vi a la persona que estaba al otro lado, el tiempo se congeló.

-Tú...

-Sí hija, soy yo. -respondió mi padre. Aunque en realidad yo había dejado de considerarle mi padre desde el momento en que nos dejó a mi madre y a mí.

-¿Qué haces tú aquí? -le espeté.

-Yo... necesitaba hablar ciertas cosas con tu madre.

-No creo que ella esté interesada en algo que tenga que ver contigo.

-Por favor, es importante.

-Te he dicho que...

Pero no me dio tiempo a terminar la frase, puesto que mi madre apareció, y me interrumpió.

-David, ¿qué haces aquí?

-Necesitaba hablar un asunto contigo.

-Está bien, pasa.

¿Pasa? ¿En serio? ¿Todo se ponía en mi contra ahora o que?

-Te odio. -le dije a mi padre con el mayor asco del mundo. Y subí a mi habitación, no quería estar ni un segundo más cerca suya.

El día no podía ir a peor, todo estaba destinado a salir mal. Cogí los cascos y me tumbé en la cama a escuchar música, necesitaba aislarme de todo por un rato, y entonces me llegó un whatsapp.

Laura, Alex se ha ido.”

Sí, justo ahí, me di cuenta de que no existiría un día peor, porque ese mensaje me rompió completamente por dentro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario