Llegué a casa, como siempre acompañada de mi hermano y su amigo, aquel que no me dejaba conciliar el sueño por las noches, el que había hecho que algo dentro de mí volviera a nacer. Revivir algo muerto. Y la verdad no sé como había pasado, sí ni siquiera le conocía, no sabía nada de él, bueno, su nombre, Alex. Tenía que apartar cualquier pensamiento sobre él, sino todo esto iría en aumento y llegaría un momento en que no sería capaz de controlarlo. Esta vez iban a pasar la noche en casa, ¿la razón? Mi madre había salido, estaba rehaciendo su vida, yo no estaba en contra de ello pero no quería que lo volviera a pasar mal, aunque ella ya lo tenía bastante superado. Y respecto a lo de no quedarme sola en casa, cuando a mi madre se le antoja algo, es imposible hacerle cambiar de opinión. Así que me toca pasar la noche con mi hermano y su perfecto amigo. Sería una noche bastante larga.
Subí a mi habitación y me puse a escuchar música, me relajaba cuando estaba nerviosa, y hoy lo estaba y mucho, más que mi primer día de universidad, y la razón se encontraba justo ahí abajo.
Mientras en la planta baja.
-Que paliza te estoy metiendo. -dijo Alex sin parar de reír.
-Calla imbécil. -le respondió Álvaro un poco enfadado.
-Seré imbécil, pero el que está perdiendo eres tú.
-Ya ya...
-Por cierto, ¿tu hermana está muy buena, no? -preguntó Alex, y esto pilló desprevenido a Álvaro.
-¿Pero qué dices tío? Es mi hermana, ni se te ocurra. -le dijo este con un tono un poco serio.
-Eh, eh, que no lo decía a malas joder.
-Mejor no lo digas de ninguna forma.
Pero Alex seguía pensando así, no sabía que le había hecho esa chica, pero desde que la vio el otro día, no se la ha podido sacar de la cabeza. Nunca le había pasado eso con ninguna chica y debía averiguar por qué se sentía así con ella.
Mientras en la planta de arriba.
Laura decidió hablar con sus amigas del tema "amigo de su hermano". Necesitaba a alguien con quien desahogarse y ordenar todo ese lío que tenía. No quería volver a pasar por lo mismo de hace un tiempo, y sus amigas fueron todo su apoyo durante aquel tiempo, y sabía que podía contar con ellas para lo que fuera, así que cogió su móvil y llamó a su mejor amiga, Cristina.
-¡Hola! -respondió su amiga al otro lado del teléfono.
-Hola pequeña, tengo que contarte una cosa, necesito tu ayuda.
-Claro, me tienes para lo que sea.
Después de estar durante casi veinte minutos hablando, su amiga le había aclarado un poco las cosas.
-Muchas gracias Cristina, tú siempre estás cuando te necesito.
-Claro que sí cielo, y mucho ánimo.
-Te contaré. Bye. -se despidió Laura.
Ahora ya sabía lo que tenía que hacer, o por lo menos como debía empezar a alejar todas sus dudas.
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