Me desperté como cada día, sin ganas de nada, pero pensando que tal vez este día pudiera cambiar, ser diferente al resto, porque la verdad es que llevaba un tiempo en que no era yo, había dejado muchas cosas atrás, me dolía empezar de cero, ¿iba a ser capaz de sobrevivir a esta nueva vida? Es como si mis sueños ya no estuvieran conmigo, habían pasado muchas cosas desde aquel día, y por su culpa ahora tendría que ser fuerte y no dejar que los problemas me hundiesen. Vale, tal vez no era del todo su culpa, ¿pero por qué entonces? Con lo bien que iba mi vida, y ahora no sé ni lo que hago. Me he pasado toda la noche sin dormir, dando vueltas de un lado a otro en la cama, pesadilla tras pesadilla, no creo que alguna vez pueda superar esto, en cambio mi madre parece que está perfecta, como si no hubiera tenido un pasado, como si la persona que más quería desapareciera de un día para otro de su vida. Es más fuerte que yo, o tal vez ya está cansada de sufrir, y prefiere pasar página. Pero a mí me cuesta, yo no tengo esa facilidad de hacer que las cosas no me afecten tanto. Debería apartar de mí todos sus recuerdos, todos sus regalos, sus cartas, tengo que intentar que todo este dolor deje de acumularse en mi interior, sino terminaré explotando tarde o temprano. Aparto de mi mente todos esos recuerdos, y me levanto de la cama dispuesta a desayunar e a ir a clase. Por la ventana de mi habitación entran los rayos de sol y mi despertador marca las 6:30. Me he acostumbrado a madrugar, antes no solía hacerlo, pero últimamente me hace estar más despierta durante el resto del día, ¿irónico, verdad?. Bajo las escaleras y entro en la cocina, "Desierta, como siempre a estas horas". Mi madre no trabaja hasta por la tarde, así que no se levanta pronto, por lo que siempre desayuno yo sola y desde que mi hermano se fue de casa, para irse a vivir con un amigo de la universidad, solo somos mi madre y yo. Me preparo mi zumo de todas las mañanas y mis cereales, que tanto me gustan. Cuando termino subo a mi habitación y me visto, no quiero llegar tarde a mi primer día de curso, "¿Qué me deparará la universidad?". Seré nueva, pero no me sentiré apartada, ya que no seré la única, desde siempre había soñado con estar aquí, y al final lo conseguí. Me visto deprisa, cojo los primeros shorts que encuentro en el armario y me pongo la camiseta que encuentro, me calzo mis vans favoritas y vuelvo a bajar las escaleras. El bus todavía no ha pasado, así que voy con tiempo y no tengo porque correr.
El autobús tarda un poco más de lo previsto, y la verdad es que no quiero llegar tarde mi primer día, no me gusta que la gente se me quede mirando cuando entro en clase y esta ya ha empezado, pero por suerte aparece, como si hubiera oído mis súplicas. Subo, y espero que se dé la suficiente prisa.
Cuando llego a la puerta todo es tan, distinto, va a ser una experiencia genial, de eso no tengo ninguna duda. Busco mi clase en el papel que me mandaron el otro día por correo, y rezo porque la clase no haya empezado todavía, "¡Matemáticas, que alegría!". La clase está bastante llena, y me siento en el primer sitio que encuentro, a mi lado hay una chica con el pelo rubio, no se le ve la cara porque está de espaldas, pero justo cuando dejo la mochila en el suelo, se da la vuelta.
-Hola. -me dice sonriendo.
-Hola. -la respondo, tratando de ser agradable.
-Soy Andrea, encantada, ¿y tú eres?.
-Laura, igualmente.
-Guay, te voy a presentar a unos amigos.
Pero justo entonces aparece el profesor y da comienzo la clase. Supongo que mi tiempo de hacer amigos ha tomado un descanso. Al acabar las clases me toca volver a casa, pero no en bus no, a mi madre se le ocurrió la genial idea de que fuera mi hermano quien me llevase a casa, "¿Para acabar bien el día, no mamá?". Lo que no entiendo es porque mi hermano tiene coche y yo todavía no, no es justo, solo nos llevamos dos años, tampoco es tanta diferencia. Salgo y le veo, ahí está, con esa sonrisa que parece que quiere acabar conmigo.
-Hola hermanita. -me dice sin parar de sonreír.
-¿Cuántas veces te he dicho que no me llames hermanita? ¿Es qué no me escuchas?. -le digo un poco molesta.
-¿La verdad? Han sido tantas que ya ni me acuerdo.
-Uff, vamos a casa, no te aguanto.
-Espera, que no vamos solos.
-¿Quién más viene?. -pregunto algo confusa.
-Alex, mi amigo, ¿recuerdas? Vivimos juntos.
-Ya... bueno.
De repente alguien aparece frente a nosotros, y cuando voy a levantar la mirada me encuentro con unos ojos color café, nunca había visto una mirada tan intensa, y me iba a costar olvidarla.
"No, esto no podía volver a pasar, no iba a permitir que me hicieran daño de nuevo."
El autobús tarda un poco más de lo previsto, y la verdad es que no quiero llegar tarde mi primer día, no me gusta que la gente se me quede mirando cuando entro en clase y esta ya ha empezado, pero por suerte aparece, como si hubiera oído mis súplicas. Subo, y espero que se dé la suficiente prisa.
Cuando llego a la puerta todo es tan, distinto, va a ser una experiencia genial, de eso no tengo ninguna duda. Busco mi clase en el papel que me mandaron el otro día por correo, y rezo porque la clase no haya empezado todavía, "¡Matemáticas, que alegría!". La clase está bastante llena, y me siento en el primer sitio que encuentro, a mi lado hay una chica con el pelo rubio, no se le ve la cara porque está de espaldas, pero justo cuando dejo la mochila en el suelo, se da la vuelta.
-Hola. -me dice sonriendo.
-Hola. -la respondo, tratando de ser agradable.
-Soy Andrea, encantada, ¿y tú eres?.
-Laura, igualmente.
-Guay, te voy a presentar a unos amigos.
Pero justo entonces aparece el profesor y da comienzo la clase. Supongo que mi tiempo de hacer amigos ha tomado un descanso. Al acabar las clases me toca volver a casa, pero no en bus no, a mi madre se le ocurrió la genial idea de que fuera mi hermano quien me llevase a casa, "¿Para acabar bien el día, no mamá?". Lo que no entiendo es porque mi hermano tiene coche y yo todavía no, no es justo, solo nos llevamos dos años, tampoco es tanta diferencia. Salgo y le veo, ahí está, con esa sonrisa que parece que quiere acabar conmigo.
-Hola hermanita. -me dice sin parar de sonreír.
-¿Cuántas veces te he dicho que no me llames hermanita? ¿Es qué no me escuchas?. -le digo un poco molesta.
-¿La verdad? Han sido tantas que ya ni me acuerdo.
-Uff, vamos a casa, no te aguanto.
-Espera, que no vamos solos.
-¿Quién más viene?. -pregunto algo confusa.
-Alex, mi amigo, ¿recuerdas? Vivimos juntos.
-Ya... bueno.
De repente alguien aparece frente a nosotros, y cuando voy a levantar la mirada me encuentro con unos ojos color café, nunca había visto una mirada tan intensa, y me iba a costar olvidarla.
"No, esto no podía volver a pasar, no iba a permitir que me hicieran daño de nuevo."
No hay comentarios:
Publicar un comentario